No hay algo más frustrante que empezar un día de homeschooling que planificaste con todo tu amor, y que los chicos no se enganchen, y sientas que los tenés que ir empujando para que hagan las cosas.
La mesa, los cuadernos, las caras de aburridos o que se distraen por cualquier cosa porque no quieren estar ahí haciendo eso.
—¡Daleeee! Si terminás rápido, después jugás más rápido. Presten atención. Lo están haciendo eterno. Pónganse las pilas.
Dentro de mí surgen todas las ideas de motivación: chantaje, castigo, premio, etc., aunque ya sé que no es el mejor camino. Van haciendo las tareas que planeaste, avanzan con el currículum preestablecido, pero cada día se siente como una batalla. O, si colaboran, igual se siente algo artificial.
Aparecen las comparaciones. Yo estaba cinco horas sentada en la escuela, tenía que escuchar temas que no me interesaban, escribir cuando no quería, concentrarme cuando en realidad quería moverme. Ellos están dos horas, no se pueden concentrar porque no ponen ganas… Quizás estoy haciendo algo mal; así nunca van a llegar a cumplir el currículum del año. Siento que el tiempo no me alcanza.
¿Por qué estoy haciendo esto?
Ok. STOP. Un poco de backstory.
Hola, ¿cómo estás? ¿Qué es lo que te trae la vida?
Yo tengo ganas de empezar este post contándote cómo llegué a hacer homeschooling con los chicos, las cosas que tuve que desaprender, cómo desaprender es un proceso y algunos de los cambios que hice en mi mentalidad para disfrutar este camino increíble y desafiante.
Cuando empezamos el camino de la educación en casa, me decanté por el unschooling. Iba mucho más acorde con lo que quería darles a los chicos, y todas las historias que escuchaba coincidían con lo que yo ya venía observando en los niños. Mi pensamiento era este: hasta los siete, lo primordial es jugar. Pero bueno, diciendo así pareciera que estaba súper segura de lo que estaba haciendo. Por un lado estaba… ¿viste esa certeza interna?, ¿la de la intuición? Re clara.
Pero la mente, la mente tenía dudas. ¿Realmente van a aprender todo lo que necesitan para sus vidas sin una guía como un currículum? ¿Qué opciones tengo para la educación en casa?, pensaba. Dudaba si el unschooling era suficiente para que aprendieran todo “lo importante” y quizás el homeschooling normal era lo que teníamos que hacer, llevando el currículum de la escuela a la casa.
En mi camino como mamá, lo del aprender en casa siempre lo vi como una opción tentadora, pero no me sentía capacitada para enseñarles; me imaginaba el pizarrón, las cuentas, el análisis de oraciones y las clases de física, y me abrumaba. Sentía que una cosa era la de acompañarlos en la etapa preescolar, y otra en la escolar.
No soy maestra, aunque vengo de una familia muy conectada con el mundo educativo. Mi mamá, sí, era maestra; mi abuela era dueña de una escuela y mi abuelo materno solía enseñar clases de historia en su tiempo libre. Así que entendía que había toda una ciencia y me parecía que en algún punto no iba a tener más el poder de acompañarlos. Pero por mi curiosidad y por observarlos a los chicos, retrasé su entrada en el mundo escolar.
En 2020 empezamos un viaje y los chicos tenían dos y cuatro años. Al estar todo el tiempo con ellos, veía constantemente cómo ellos aprenden de todo lo que los rodea. Por ejemplo, mientras estábamos en Estados Unidos, mi hijo —que en ese momento tenía cuatro— empezó a hablar inglés con sus primos. En otro momento te cuento, si querés, cómo los chicos son bilingües y con un acento hermoso sin ir a ninguna academia.
Fue más o menos en ese momento donde me adentré mucho más en el unschooling (que los chicos aprendan desde sus intereses, tiempo y sin currículum). Escuchando podcasts y leyendo libros, empecé a cuestionar todo lo que yo entendía como educación. Por ejemplo, yo tenía mezclado en mi cabeza que educación y escolarización eran lo mismo. Y esa es una forma muy superficial de ver la educación.
Me encontré con las palabras de Peter Gray, que lo explican mejor de lo que yo podría:
“Es útil comenzar definiendo algunos términos. En primer lugar, es esencial distinguir entre educación y escolarización. La escolarización se refiere a un conjunto de procedimientos empleados por especialistas, llamados maestros, para inducir a los niños a adquirir un determinado conjunto de habilidades, conocimientos, valores e ideas, denominado currículo. La educación, en cambio, se refiere a un concepto mucho más amplio. Puede definirse como transmisión cultural, es decir, como el conjunto total de procesos mediante los cuales cada nuevo ser humano adquiere una parte de las habilidades, conocimientos, valores e ideas de la cultura en la que se desarrolla. Con esta definición, la escolarización es una parte relativamente pequeña de la educación”.
Viéndolo así, entendí que tenía que desescolarizar mi cabeza y empezar a entender realmente cómo es que aprendemos. ¿Qué significa esto en lo cotidiano? Rever cada una de las creencias que tengo respecto a qué es aprender, estudiar, productividad, éxito, la socialización, los tiempos, etc.
Investigando llegué a ver que, en realidad, la escolarización que conocemos, el formato de escuela al que estamos acostumbrados, es algo relativamente reciente en la historia y que surgió en una época muy diferente a la que vivimos ahora. Y cuando vi qué es lo que necesitamos para aprender, qué nos mueve, entendí que sí, que estaba totalmente capacitada para acompañar a mis hijos en su camino de aprendizaje.
Por empezar, cuestioné el currículum. ¿Por qué mi hijo a tal edad tiene que aprender tal o cual cosa? ¿Es porque es mejor que lo haga en esa edad? ¿Es realmente clave que aprenda a leer a los cinco o seis años? ¿De dónde surge la idea del currículum, el orden que tiene? Bueno, se entiende hacia dónde iban mis preguntas.
Empecé a investigar más: las neurociencias, experiencias de otros homeschoolers, etc.
¿What? ¿El currículum es arbitrario? ¿Enseñan a los chicos a leer a esa edad porque es conveniente por el tipo de sistema educativo con grupos grandes y una sola maestra? Sí, empecé a cuestionar todo esto. Me hice muchas preguntas. Pero, para quien se crió y educó en ese sistema educativo, puede haber puntos ciegos. Y que surjan dudas.
De esas dudas surgieron todas las oportunidades donde me puse hincha pelota con el currículum, el formato escuela y todas las cosas que eso conlleva. Y cada vez que me puse hincha pelota con el currículum de los chicos, surgió resistencia.
¿Qué tipo de resistencia? Que los chicos me miren con cara de aburrimiento total, saber que tienen su mundo interno en otro lado… La inteligencia que siempre ves que tienen no colabora porque, como no están interesados, se cierra; y se genera una gran desconexión. A ver, incluso si en ese momento les dijera que tienen que acomodar toda la casa conmigo y limpiar, estarían mucho más contentos. Así de profunda es la resistencia.
¿Dónde está el problema? ¿En que el nene no presta atención, en que no se esfuerza, en que no pone voluntad o en la forma en la que le estoy enseñando?
Veámoslo bien: el currículum dice que mi hijo de diez años tiene que aprender sobre los pueblos de la Mesopotamia y que mi hijo de ocho tiene que estudiar sobre América. Yo, como mamá, agarro el manual, el programa, y armo una clase súper creativa sobre el tema. Una clase para cada uno. Fantástico. Tienen para colorear, una canción, un documental y preguntas.
Desde mi punto de vista, el de enseñar, todo está sobre ruedas. Pero después me encuentro con un niño con ojos dispersos y que no quiere saber nada con la lección que armé. Y vuelven las preguntas y los condicionamientos: ¿Qué hice mal? ¿O qué le pasa al niño? ¿Lo tendría que mandar a la escuela?
Ese método de enseñar funciona quizás si lo que tuviéramos adelante fuera un recipiente vacío. Pero mi hijo es una persona que tiene intereses, curiosidades y tiempos. Probablemente este no sea su interés actual, ni le genere curiosidad, y capaz que ahora estaría mucho más atento aprendiendo sobre otro tema o más satisfecho saltando en el trampolín.
Ahora, la otra opción, el otro camino que amo y me encanta. Cada tanto —porque esto no es todos los días al estilo película Mary Poppins, todos cantando en sincronía— surge la magia del aprendizaje espontáneo y surge la curiosidad, la atención, las preguntas.
Cuando los chicos están interesados en un tema, surge hasta una especie de obsesión: miramos documentales, leemos, hablamos sobre eso. Si hay un libro de actividades de eso, ¡wow!, completan todo e incluso, si el tema es súper difícil y desafiante, no hay problema, ponen todo para avanzar. Esto a veces, igual, no se ve como uno se imagina que debería verse el aprendizaje de escuela. A veces es un tema que lleva a otro y decís: ¿cómo llegamos a esto?
Por ejemplo, hace poco, los dos estaban interesados en la primera y segunda guerra mundial. ¿And qué hicimos? Miramos pelis, documentales, videos de YouTube, abrimos mapas, charlamos… ellos generaron sus opiniones y visiones al respecto. Yo te digo esto y parece muy académico, que los chicos que tengo son peculiares, pero en la realidad se ve así: alguno hace una pregunta porque, por ejemplo, vio algo referido a eso en un video de YouTube; buscamos información juntos en internet, eso nos lleva a un documental, que lleva a otra pregunta. Esa pregunta a veces sigue referida al tema principal, pero otras veces no.
La otra vez empezamos viendo sobre el Sahara y al final terminamos adivinando canciones de Disney en YouTube. ¿Cómo llegamos ahí? No freaking idea. Pero lo que yo valoro es el proceso: que ellos sepan que lo que sea que quieran aprender, pueden hacerlo, y que todo está conectado.
Es magia.
El currículum es un obstáculo porque pone temas arbitrarios en tiempos arbitrarios que no consideran al individuo. La primera y la segunda guerra mundial no estaban en el currículum. En quinto grado, por ejemplo, los temas son el “descubrimiento” de América, los próceres, etc. ¿Puede que el currículum les genere curiosidad y abra su panorama a otros temas? Estoy abierta a eso, sí, pero los usamos como herramientas, no como dictadores.
Nosotros decidimos hacer Aprendizaje Autodirigido. El propio Peter Gray define el aprendizaje autodirigido como la educación que nace de las actividades elegidas por uno mismo y de las experiencias de la vida cotidiana, mientras perseguimos nuestros propios intereses.
No se trata de memorizar para un examen; se trata de vivir. Porque el interés nace de ellos. Y nuestro trabajo como mamá y papá es el de proveer el contexto y los recursos para que puedan explorar todo aquello que les da curiosidad e interés.
Desaprender lo que aprendimos como educación es un proceso que nunca termina. Hay muchas creencias hilvanadas en cómo vemos el mundo; es profundo. En la escuela aprendimos lo que nos enseñaban en historia, geografía y matemáticas (más o menos), pero lo que más aprendimos es una forma de ver e interpretar la vida: cómo nos relacionamos con el tiempo, con el esfuerzo, con lo que significa aprender, el valor personal. Incluso separar los temas en materias es algo aprendido.
Cuando me dejo llevar por los condicionamientos escolares y me guío por lo previamente aprendido, todos la pasamos mal. Yo porque me pongo controladora, los chicos porque se resisten a mi control y, lo peor, es que genera desconexión.
¿Cómo me doy cuenta de que me pongo controladora? Quiero que hagan lo que yo digo, a mi tiempo, y creo que tienen que tener cierto nivel de atención cuando yo lo comando. Claramente me frustro, y eso me lleva a cara de directora de escuela; pongo el foco en que me obedezcan y no en el aprendizaje.
Para mí, la clave del homeschooling es la conexión.
Ahora, en esta etapa del camino, ya no me agarran tantos momentos de duda respecto de si debería ponerme a imitar la escuela en casa. No. Porque cuando veo que a los chicos, según mi perspectiva, les falta el ímpetu de ponerse con algún proyecto o pienso que no están haciendo todo lo que creo que deberían para aprender, primero me cuestiono qué es lo que creo que deberían, y segundo, me acuerdo: “sí, elegí la conexión”.
Charlemos, estemos juntos, juguemos Minecraft. ¿Qué es eso que estás dibujando? ¿Salimos a hacer un picnic en el jardín?
Nos vamos a dar una vuelta por el jardín y me cuentan sobre lo que les interesa a ellos: el videojuego que están jugando últimamente, los trucos que aprendieron, el video de YouTube que les llamó la atención… Van jugando, inventando una historia en el camino en la que me incluyen, aunque yo no participe.
Y desde la conexión observo y veo qué es lo que mi hijo quiere, necesita, qué le gusta. Desde ahí construyo puentes que me permitan mostrarle cosas del mundo que creo que son importantes para él, con la apertura de saber que quizás ahora no es el momento y lo que yo les ofrezco es solo una posibilidad.
Confío en su capacidad de aprender natural. Cambio la perspectiva y, en vez de ver qué es lo que no está aprendiendo del currículum y cómo podría quedarse atrás, veo todo lo que está aprendiendo fuera de él: las conexiones que hace, sus tiempos, sus conclusiones.
Cada vez que hago esto me maravillo. Porque cuando me abro a ver todo lo que aprenden llevados por su curiosidad, se abren universos nuevos, únicos, con conexiones que son posibles gracias a todas las intersecciones de lo que lo hacen ellos mismos.
Cuando veo que los adultos buscamos soluciones siempre en los mismos lugares, y cómo el mundo valora lo diferente pero al mismo tiempo intenta homogeneizarlo todo, me convenzo más de nuestra elección. El camino del aprendizaje autodirigido es el correcto; al menos para nosotros, en las circunstancias y forma de vida que elegimos.
No digo que todos deberíamos hacer esto. Pero si estás eligiendo el homeschooling, te invito a darle una oportunidad a este camino y a soltar el miedo.
Te invito a confiar en ese ser lleno de vida que tenés adelante. Tu hijo ya está harto de que le digas todo lo que tiene que hacer, o de que intentes enseñarle y meterle contenido solo porque lo dicta un currículum arbitrario. Tiene mucho dentro; solo hace falta detenerse a escucharlo.
Contame del otro lado cómo te resuena todo esto. Te mando un abrazo grande,
Vic.

